Camping Las Dunas: Un refugio costero lleno de encanto

Descubre un rincón mágico de la Costa Brava que ofrece diversión, aventura y descanso. El Camping Las Dunas, con sus más de 50 años de historia, es un destino que combina perfectamente la cercanía al mar con la belleza natural de la región. Situado en la Bahía de Roses, en Sant Pere Pescador, este camping tiene acceso directo a una playa de arena fina, ideal tanto para quienes buscan relajarse al sol como para los aficionados a los deportes acuáticos.

Una oferta variada para los amantes del mar y la tierra
Con su terreno llano repleto de palmeras, el Camping Las Dunas ofrece un ambiente acogedor y cómodo para sus visitantes. Las parcelas, que alcanzan hasta 100 m², vienen equipadas con agua y desagüe. Además, aquellos que prefieren la comodidad de un alojamiento más estructurado, pueden optar por los bungalows bien equipados, perfectamente insertados en un entorno de zonas verdes que respiran tranquilidad.
Cataluña: el epicentro del turismo de camping en España
La playa, con su suave arena, es un auténtico paraíso para los amantes del windsurf, kitesurf, paddle surf y la vela. La presencia constante de vientos térmicos durante el verano asegura condiciones ideales para quienes disfrutan surcando las olas. No necesitas ser un experto para disfrutar, ya que el camping cuenta con su propia escuela de surf, FaseWind, que proporciona cursos para todas las edades y niveles, además de actividades innovadoras como el SUP-yoga.
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Diversión acuática para todos
No todo es mar en el Camping Las Dunas. Para los que prefieren el agua dulce, el lugar ofrece un parque acuático con piscina principal, toboganes y una piscina infantil. Después de una mañana llena de chapuzones, el gran solárium con tumbonas es el lugar perfecto para disfrutar del sol.
La animación no termina con las actividades acuáticas. El equipo de animación se asegura de que siempre haya algo emocionante que hacer, organizando sesiones deportivas, clases de aquagym y actividades creativas para todas las edades. Las instalaciones deportivas incluyen canchas de baloncesto, fútbol, voleibol de playa y minigolf con su propio chiringuito, además de un gimnasio al aire libre para los amantes del fitness.
Comodidades y opciones gastronómicas
En cuanto a gastronomía, el camping no deja nada al azar. Con cuatro restaurantes y tres bares, el recuento es ideal para satisfacer cualquier antojo culinario. También hay un gran supermercado y varias tiendas para abastecerse sin tener que salir del recinto, lo que hace que sea extremadamente conveniente para los visitantes.
Aun así, su ubicación es perfecta para aquellos que deseen explorar más allá. Destinos cercanos como Figueres, con su famoso Museo Dalí, o ciudades vibrantes como Girona y Barcelona están al alcance. Además, los pueblos pesqueros cercanos como L’Escala, Empuriabrava y Cadaqués ofrecen un toque cultural y gastronómico que complementa la experiencia.
Actividades al aire libre y cercanía a la naturaleza
El Camping Las Dunas también está estratégicamente situado, proporcionando a los visitantes fácil acceso a maravillas naturales como el Parque Natural de los Aiguamolls de l’Empordà, un lugar que ofrece la oportunidad perfecta para caminatas y observación de aves. El camping organiza paseos en bicicleta, ideales para descubrir los caminos escondidos del entorno y disfrutar de la riqueza natural de la región.
Para familias, el miniclub ofrece un espacio seguro y divertido para los más pequeños, asegurándose de que también tengan sus propios momentos de aventura y nuevas amistades.
Un lugar que da la bienvenida a todos
Uno de los aspectos más atractivos del Camping Las Dunas es su política acogedora hacia las mascotas en las parcelas, lo que permite que los visitantes no tengan que dejar a ningún miembro de la familia en casa. Además, su buena conexión con el aeropuerto de Girona facilita el acceso, convirtiéndolo en una elección práctica y preferida por muchos que buscan unas vacaciones activas rodeadas de naturaleza y cultura en la impresionante Costa Brava.
En resumen, el Camping Las Dunas es un destino que nunca decepciona. Tanto si eres un amante del mar, un aventurero en busca de nuevas experiencias, o simplemente alguien que quiere desconectar y disfrutar de la belleza natural de la Costa Brava, este camping tiene algo para todos.
Donde esta Camping Las Dunas Costa Brava

Carretera Sant Martí d’Empúries, s/n, 17470 Sant Pere Pescador, Girona, España

El adiós de La Casa de les Sabatilles: fin de una era en el Gòtic

La Casa de les Sabatilles, un icono del barrio Gòtic en Barcelona, se despide después de más de setenta años calzando a generaciones de barceloneses. Este cierre marca no solo el fin de un comercio, sino también el ocaso de una era en el comercio de proximidad, donde la relación entre vendedor y cliente iba más allá de una simple transacción.

Un viaje que comenzó en la Baixada de la Llibreteria
La historia de La Casa de les Sabatilles se remonta a 1950, cuando Teresa Duque inauguró este pequeño negocio en la Baixada de la Llibreteria. Desde el primer día, este local ofreció a todos los visitantes calzado cómodo y tradicional, convirtiéndose en una parada obligada para quienes buscaban zapatillas, alpargatas, o pantuflas. En 1984, el negocio pasó a manos del padre de Joan Carles Iglesias, quien continuó la tradición familiar manteniendo intacta la esencia del comercio.
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Todo parecía ir bien hasta que un inesperado cambio en la propiedad del edificio empezó a deteriorar lo que había sido una próspera microempresa. La venta del edificio en 2002, bajo una renta vitalicia que eliminó el derecho de tanteo, empezó a asediar la estabilidad de la tienda. Las nuevas condiciones económicas eran insostenibles, y a pesar de sus medidas protectoras como comercio emblemático, el desahucio se convirtió en un destino inevitable.
Luchando contra el viento: traslados y resistencia
Tras ser expulsada del Gòtic en 2022, la tienda intentó sobrevivir en la calle Freneria. El bajo flujo de peatones y la pérdida de visibilidad llevaron a una nueva clausura. Posteriormente, el Ayuntamiento trató de rescatar la historia del negocio mediante el programa Amunt Persianes. Así nace un nuevo y esperanzador capítulo en la calle Sant Pere Més Alt, donde Iglesias abrió de nuevo con parte del mobiliario original y un renovado rótulo luminoso.
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Sin embargo, el mundo había cambiado demasiado. El nuevo contexto fue menos benigno de lo esperado, con un escaparate pequeño y una actividad comercial casi nula. La muerte de la esposa de Iglesias, quien gestionaba las compras, fue el golpe que finalmente terminó por derrumbar la resiliencia que sostenía el alma de la zapatería.
Liquidación total: el último capítulo
Con el cierre inminente, La Casa de les Sabatilles se encuentra en pleno proceso de liquidación. Descuentos de hasta el 60% adornan las etiquetas de cada zapato en la tienda, mientras los vecinos visitan por última vez este símbolo del comercio local. Si algún refugiado de la nostalgia lo requiere, las ventas podrían continuar vía internet, donde Iglesias mantiene vivo el espíritu de resistencia.
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Acompañado por su fiel dependienta, Iglesias sigue al frente, incólume y sereno. Se enfrenta a la realidad de una Barcelona que ha abandonado, al menos en parte, a sus pequeñas joyas comerciales para dar paso a franquicias y a la imparable turistificación de Ciutat Vella.
Un símbolo de lo que se pierde
La desaparición de La Casa de les Sabatilles no es un mero cierre de tienda, es un claro reflejo de cómo el alma de una ciudad cambia con el tiempo. Cada negocio emblemático que desaparece, como una nota desafinada, contribuye a alterar el ritmo armonioso de los barrios.
La sorpresa y la tristeza por este cierre se suman a la incertidumbre del mañana para otros comercios tradicionales. En la actualidad, la ciudad enfrenta el reto de equilibrar modernidad y tradición, mientras los ecos de su historia se van apagando lentamente.
El cierre de La Casa de les Sabatilles nos deja una lección eterna: ningún negocio es inmortal, pero su legado siempre resonará como el eco de esas zapatillas que una vez pisaron fuerte en el corazón de Barcelona.

La aventura de explorar el castillo de La Popa: un barco en las montañas de Castellcir

Un lugar de historia y misterio
En el corazón de Cataluña, en el encantador municipio de Castellcir, se encuentra uno de esos lugares que parecen salidos de un cuento medieval. El castillo de La Popa es una joya histórica, que, aunque en ruinas, sigue despertando la curiosidad de aventureros y amantes de la historia. Lo que hace único a este castillo es su ubicación, posado con majestuosidad sobre un promontorio rocoso con forma de barco, vigilando desde las alturas el valle del arroyo del Tenes.
Con más de mil años de historia, sus primeros registros datan de 1014, y su historia está marcada por lo arcaico de sus edificaciones que, pese a no tener cimientos convencionales debido a su singular ubicación, supieron desafiar el paso del tiempo y la naturaleza. Construido inicialmente por la familia Castellcir, la fortaleza sería testigo de luchas, herencias y, finalmente, su abandono, lo que la dejó a merced de la intempestiva belleza del entorno natural del Montseny.
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El ocaso de una fortaleza
A lo largo de los siglos, el castillo cambió de manos varias veces. Desde la desaparición de la familia Castellcir en el siglo XIV debido a la peste negra, hasta llegar a manos de marcas más contemporáneas como los Planella y los Castellbell, su historia es un reflejo de la fluctuación del poder y las tragedias medievales. En 1942, se convirtió en propiedad privada, pero la desidia y la falta de mantenimiento culminaron en su abandono total a mediados del siglo XX.
Hoy, lo que queda son apenas unos ecos de lo que fue. El paso de los senderistas ha marcado un camino hacia los pies de la fortaleza, pero el destino de este imponente testigo de la historia es incierto. Desde 2019, es parte de la lista roja de Hispania Nostra, la cual señala los patrimonios en peligro y demandan la necesidad urgente de intervención para preservar lo poco que resta.
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Una excursión para los aventureros
Explorar el castillo de La Popa es una misión para aquellos que disfrutan de la naturaleza, la historia y la caminata. La ruta hacia el castillo comienza en el pintoresco pueblo de Castellcir, en la comarca de Moianès. Desde aquí, un sendero no tan bien señalizado, pero bastante intuitivo, lleva a los caminantes por un recorrido de aproximadamente 9 kilómetros. Es un trayecto sencillo, ideal para toda la familia, que pasa por paisajes llenos de riqueza natural y ruinas históricas, como La Torrassa dels Moros, una antigua torre de vigilancia románica.
Para los más curiosos, la ruta ofrece la posibilidad de disfrutar no solo del objetivo principal, el castillo, sino también del recorrido en sí mismo. El hayedo de Sauva Negra en el camino de regreso, y otros tesoros como la iglesia de Santa Coloma Sasserra, ofrecen un vistazo al patrimonio que define a esta región.
La fascinante leyenda del castillo
No fueron solo eventos históricos los que dejaron su huella en el castillo de La Popa. Las leyendas también tienen un papel importante en la mitología local. Una de las más famosas es la del supuesto túnel subterráneo que conectaba la fortaleza con otra torre en los alrededores, conocida como La Torrassa. Se dice que un cordero de oro está oculto dentro, atrayendo a los aventureros a descubrir su paradero.
Esta historia, como muchas otras, añade un aire de misterio que complementa la singular vista del castillo posado sobre su peñasco. Con la silueta de su estructura asemejándose a la popa de un barco, el lugar combina perfectamente la imagen de un pasado esplendoroso y una evocadora melancolía.
Disfrutar de lo que aún permanece
A pesar del acceso restringido al interior del castillo desde 2024, el paisaje impresionante y los vestigios de la estructura ofrecen un marco perfecto para una excursión memorable. Es un lugar para dejarse absorber por las narrativas del pasado mientras disfrutas de un picnic con una vista panorámica que corta la respiración.
Con cada paso en la ruta hacia el castillo, uno no puede evitar sentir la conexión con una época de caballeros, damas y bardos. Y aunque las murmullos de la historia sean apenas audibles, su esencia sigue viva entre las piedras desgastadas y los senderos que serpentean las montañas de Cataluña.
Donde esta el Castillo de Castellcir “la Popa”

Torre de Collserola: el coloso que redefine el horizonte de Barcelona

Un legado de los Juegos Olímpicos
La Torre de Collserola no solo es una estructura impresionante en el horizonte de Barcelona, sino un legado directo de los Juegos Olímpicos de 1992. Concebida por el renombrado arquitecto británico Norman Foster, esta torre simboliza cómo una ciudad puede reimaginarse a través de eventos internacionales. En esos años de transformación, Barcelona se esmeró por dejar una impronta duradera, y vaya que lo consiguió.
Situada en el majestuoso cerro de la Vilana, cerca del icónico Tibidabo, la Torre de Collserola se eleva hasta los 288,4 metros sobre el nivel del mar. Esta cifra no solo la convierte en la estructura más alta de la ciudad, sino en un símbolo de progreso y modernidad para toda Cataluña.
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Un diseño visionario
El núcleo de la torre se compone de un fuste cilíndrico de hormigón armado que sostiene una compleja estructura de 13 pisos destinada a las telecomunicaciones. El uso de materiales avanzados, como el kevlar en los tirantes superiores, demuestra el compromiso con la innovación y la funcionalidad.
Skyline Barcelona: Los edificios más altos
A pesar de ser principalmente una torre de telecomunicaciones, diseñada para asegurar la señal de televisión y radio de Barcelona, no escapa al ojo como una obra de arte arquitectónica. Con sus líneas futuristas, la torre refleja el deseo de Foster de crear un ícono que dialogara con el paisaje urbano sin desentonar.
Un mirador con vistas infinitas
Más allá de su función técnica, la Torre de Collserola ofrece a sus visitantes algo realmente excepcional: un mirador público en el nivel 10. A una altura de 150 metros, este punto ofrece vistas espectaculares que se extienden más allá de lo imaginable. En un día despejado, no solo se aprecia la vibrante ciudad de Barcelona, sus pueblos circundantes y maravillas naturales cercanas, sino que incluso se puede divisar el contorno distante del Cadí-Moixeró y la sierra de Tramontana en Mallorca.
No se trata solo de una experiencia visual; el mirador es un espacio donde la historia y el presente de Barcelona se cruzan. Desde esta altura, se puede reflexionar sobre cómo la ciudad se ha transformado a lo largo de los años, no solo en términos de infraestructura, sino también en su identidad.
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Una estructura al servicio de las empresas
Un aspecto poco conocido de esta torre es su capacidad para albergar eventos empresariales. Con instalaciones de cáterin a disposición, las empresas pueden celebrar reuniones o eventos corporativos en un entorno verdaderamente inspirador. La torre ofrece una sala de recepción y una planta mirador que pueden acoger hasta a 100 comensales, creando un escenario único para cualquier tipo de encuentro.
¿Qué mejor manera de impresionar a colegas o socios de negocio que con las vistas panorámicas de la ciudad mientras se discuten proyectos futuros o se celebran éxitos pasados?
Un símbolo de la Barcelona moderna
La Torre de Collserola no es solo una estructura imponente en el skyline de la ciudad, es un resumen elegante de lo que representa Barcelona a nivel global. En muchos sentidos, la torre encarna el espíritu de una ciudad que siempre ha tenido claro cómo quiere ser percibida en el mundo.
Como lo sugirió el autor Eduardo Mendoza, Barcelona ha sabido mostrarse al mundo con una cara atractiva, aunque a veces idílica. Es una ciudad de comercio, de industria, de modernidad, pero sobre todo, una ciudad con una imagen que encanta tanto a locales como a visitantes por igual.
Con su diseño innovador y su ubicación estratégica, la Torre de Collserola es testimonio de la capacidad de Barcelona para combinar funcionalidad y estética, tecnología y arte. Un gigante silencioso que año tras año sigue redefiniendo lo que significa ser un verdadero ícono urbano.

Aventuras en la costa: descubre Lloret de Mar y Tossa de Mar

Conocer Lloret de Mar y Tossa de Mar en una sola excursión es posible, y es una experiencia que promete marcar la diferencia. Estos dos pueblos, aunque cercanos, ofrecen paisajes y vivencias totalmente distintas, pero de algún modo complementarias, lo que los convierte en una parada obligada para quienes visitan la Costa Brava. Desde el bullicio y la energía de Lloret hasta la tranquilidad pintoresca de Tossa, esta excursión encierra lo mejor de ambos mundos.

Lloret de Mar: la joya vibrante de la Costa Brava
El viaje comienza en Barcelona, donde los aventureros abordan un autobús en dirección a la primera parada: Lloret de Mar. Con poco más de una hora de trayecto, este lugar da la bienvenida con sus playas, tiendas y una vida nocturna vibrante. Lloret es sin duda el epicentro turístico de la Costa Brava. Quienes lo visitan tienen la libertad de explorar su centro histórico y deleitarse con la iglesia de Sant Romà, un vibrante ejemplo del estilo modernista.
Con una hora para recorrer el corazón de Lloret, cada visitante puede decidir si sumergirse en su ambiente relajado, disfrutando de la arena y el mar en la famosa playa de Lloret, o aventurarse a explorar el escondido encanto de Sa Caleta. Este rincón, menos conocido, ofrece un vistazo a una playa más natural, rodeada de acantilados escarpados y aguas cristalinas.
Navegando hacia nuevas aventuras
Una vez que el reloj marca las 11:30, es hora de embarcarse en la verdadera aventura que la Costa Brava tiene para ofrecer: un hermoso paseo en barco en el Dofijet. Este trayecto no solo es un medio de transporte; es una experiencia en sí misma que ofrece vistas majestuosas de los acantilados emblemáticos y el mar azul profundo que rodea esta región. Durante el recorrido, el paisaje se despliega como una obra de arte, convirtiendo cada mirada al horizonte en un recuerdo inolvidable.

Tossa de Mar: la perla medieval
Al llegar a Tossa de Mar, los visitantes ingresan a un rincón que parece resistirse al paso del tiempo. Este lugar, conocido como la “perla de la Costa Brava”, combina naturalidad con un toque medieval difícil de encontrar en otros lugares. Su fortaleza, que data del siglo XIII, no solo protege el casco antiguo sino que ofrece un paseo tan imperdible como el resto del pueblo.
Recorrer las murallas de Vila Vella transporta a un periodo de historia palpable, donde las estrechas calles y el bullicio de su mercado recuerdan un España más antigua. La caminata hasta el faro recompensa con vistas impresionantes del litoral, perfectas para quienes desean capturar la esencia de la Costa Brava en una instantánea.
Entre mar y cocina local
En Tossa, el tiempo se toma su propio tiempo. Aquí, la tarde es para disfrutar. Con el estómago ya pidiendo su turno, el recorrido lleva a los visitantes a probar la rica gastronomía local en Sa Roqueta, el barrio marinero donde los restaurantes sirven tradicionales platillos catalanes que deleitan el paladar.
Gambas, arroces y suquets componen una sinfonía de sabores que confirma la fama culinaria de Tossa. Y después de una comida así, un paseo por sus playas no solo es deseable, sino casi necesario.

Recomendaciones y más
Finalizar el día en estos pueblos con encanto no deja indiferente a nadie. La excursión concluye con un regreso tranquilo a Barcelona, permitiendo a los visitantes reflexionar sobre un día repleto de cultura, naturaleza y belleza arquitectónica. Las guías locales añaden un toque especial al viaje, aportando historias y datos curiosos que enriquecen la experiencia.
En resumen, esta excursión es para aquellos que anhelan una dosis de aventura, historia y gastronomía, todo en un solo día. La costa catalana ofrece tantas oportunidades que es fácil dejarse llevar y descubrir cuánto guarda realmente. Cada paso en Lloret y Tossa deja una huella en la memoria, recordando siempre el paso por la indescriptible Costa Brava.
¿Donde esta Tossa de Mar?