El renacer del palau del Marquès d’Alfarràs en el Parc del Laberint d’Horta

Barcelona nunca deja de sorprendernos con su historia y sus monumentos escondidos. Esta vez, la ciudad devuelve a la vida un espacio emblemático: el palau del Marquès d’Alfarràs, enclavado en el encantador Parc del Laberint d’Horta. Este artículo explora cómo ha sido este viaje de recuperación y por qué es una parada obligatoria para aquellos que buscan una experiencia cultural y de ocio única en Barcelona.
» width=»800″>Historia y transformación del palau
El palau del Marquès d’Alfarràs no es cualquier edificio; es una joya arquitectónica con una rica historia. Originalmente construido como una vivienda noble, con el tiempo ha sido testigo del vaivén de la historia, acumulando una pátina de leyendas y secretos. Con el reciente proyecto de rehabilitación, se ha tomado la decisión de respetar al máximo su diseño original, lo cual ha sido un reto gratificante al fusionar técnicas modernas con el legado histórico de la estructura.
El proceso de restauración no fue sencillo. Las obras comenzaron con un detallado estudio arquitectónico para asegurar que cada elemento se restaurara a su máxima fidelidad. Cada remache y cada balaustrada cuentan la historia de una Barcelona que en algún momento eligió el palau como uno de sus epicentros culturales. Este enfoque minucioso ha permitido que el palau recupere su antiguo esplendor sin perder su autenticidad.
Parc del Laberint d’Horta: un entorno mágico
El Parc del Laberint d’Horta, en el que se ubica el palau, es otro de los motivos por los que este lugar es extraordinario. Con un diseño que mezcla lo clásico y lo romántico, este parque es el hogar de jardines encantadores y, obviamente, del famoso laberinto vegetal que lo nombra. La naturaleza que rodea al palau amplifica su belleza, haciendo de esta combinación un destino imperdible para locales y turistas por igual.
Recorrer el parque es como transportarse a un universo diferente, donde cada sendero puede llevar hacia descubrimientos memorables. El laberinto en sí es una experiencia emocionante, ideal para quienes buscan un poco de diversión mientras conectan con el entorno natural. Además, la ubicación del palau en este parque proporciona un respiro de la ajetreada vida urbana, ofreciendo un rincón de tranquilidad y belleza.
Funcionalidades y actividades actuales
Tras su recuperación, el palau del Marquès d’Alfarràs no es solo un sitio histórico. Se ha redefinido como un espacio cultural y multifuncional. Hoy en día, alberga exposiciones de arte, eventos culturales y conferencias, haciendo del edificio no solo un guardián de la historia, sino también un promotor de la vida cultural contemporánea. Este nuevo rol conecta pasado y presente, haciendo que cada visitante viva una experiencia única.
Las actividades planeadas buscan integrar a la comunidad, ofreciendo programas educativos, actividades recreativas y mucho más. Este tipo de iniciativas no solo preservan la historia, sino que también fomentan el desarrollo cultural y social de la ciudad. Es un modo de renovarse, y al mismo tiempo, reverenciar la rica herencia que lleva consigo este monumento.
La recuperación como ejemplo para futuros proyectos
La rehabilitación del palau del Marquès d’Alfarràs no solo es significativa por sí misma; también marca un precedente para futuros proyectos de restauración en Barcelona y más allá. Establece un modelo de cómo combinar de manera efectiva la conservación histórica con las necesidades contemporáneas. Esto no solo protege nuestro pasado, sino que además enriquece la vida urbana actual.
Los arquitectos e historiadores involucrados en el proyecto destacan la importancia de tomar en cuenta la historia de los edificios no como una carga, sino como una inspiración para nuevas funciones que pueden beneficiar a la comunidad entera. Este enfoque proactivo demuestra que inversiones en el patrimonio no solo preservan edificios, sino que también generan espacios vibrantes para las generaciones futuras.
Un destino para amantes de la historia y la cultura
El palau del Marquès d’Alfarràs reabierto es más que un logro arquitectónico; es una celebración de la riqueza cultural de Barcelona. Una visita ofrece un vistazo fascinante a la historia, naturaleza y arte, todo en un solo lugar. Para quienes residen en la ciudad, es una oportunidad para redescubrir un rincón de su historia local. Para los turistas, representa una excursión memorable que encapsula la esencia de Barcelona.
Con sus puertas nuevamente abiertas, el palau espera, listo para recibir a quienes quieran sumergirse en su historia y, al mismo tiempo, disfrutar de su renovada vitalidad. Prepárate para perderte en sus pasillos, admirar los vuelos de las aves en el parque y, quizás, resolver los enigmas que el laberinto te ofrece.

Restaurantes en el Puerto Olímpico de Barcelona que conquistan con sabor y vistas

Barcelona siempre ha sabido cómo seducir. Lo hace con sus calles llenas de historia, con su ritmo mediterráneo, con sus playas y, por supuesto, con su gastronomía. Pero hay un rincón en la ciudad que consigue reunir todo esto en un mismo lugar: el Puerto Olímpico, una de las zonas más emblemáticas para disfrutar de un día —o mejor aún, una noche— a orillas del mar. Aquí, el ocio se funde con el paisaje y los sabores se vuelven protagonistas.
Si buscas un restaurante puerto de Barcelona donde puedas comer bien, sentir la brisa marina y contemplar el Mediterráneo mientras brindas al atardecer, este es tu sitio. Tanto turistas como locales encuentran en esta zona un espacio perfecto para desconectar del bullicio urbano y dejarse llevar por una experiencia sensorial que va mucho más allá de la comida.
» width=»800″>El Puerto Olímpico, un refugio frente al mar
A pocos pasos de la Villa Olímpica y enmarcado entre las playas de la Barceloneta y Nova Icària, el Puerto Olímpico se alza como un verdadero balcón al Mediterráneo. Desde su creación en 1991 para los Juegos Olímpicos de 1992, este espacio ha evolucionado hasta convertirse en un centro de vida social y gastronómica tanto para locales como para visitantes.
De día, es ideal para pasear, tomar el sol o practicar deportes náuticos. Y cuando cae la noche, las luces de sus restaurantes, terrazas y bares transforman el entorno en un lugar mágico, perfecto para una cena especial o una copa al ritmo de buena música. Es un pequeño escape dentro de la propia ciudad, donde el bullicio queda atrás y lo único que importa es el momento.
» width=»800″>El Balcó Gastronòmic
El Puerto Olímpico se encuentra inmerso en una renovación que busca potenciar su cara más culinaria. Así nace el Balcó Gastronòmic, una propuesta que agrupa once restaurantes y tres tiendas gourmet en un mismo espacio. La idea es clara: ofrecer una experiencia diversa, sostenible y profundamente barcelonesa.
Los espacios se han diseñado para abrirse al mar, con amplias terrazas y estructuras transparentes que invitan a sentarse sin prisa, a disfrutar del sol y de las vistas. Desde cocina de mercado hasta opciones más vanguardistas o take-away, el Balcó Gastronòmic redefine el concepto de comer junto al mar. Ya no es solo ir a un restaurante; es vivir una experiencia envolvente, en contacto con el paisaje y el sabor.
El Tribut: homenaje culinario al genio modernista
En este contexto nace El Tribut, uno de los restaurantes más especiales de todo el Puerto Olímpico. Y lo es no solo por su carta, sino por el concepto que lo impulsa. El Tribut rinde homenaje al genio que transformó para siempre el paisaje de Barcelona con sus formas onduladas, su amor por la naturaleza y su manera única de entender el arte.
Desde su privilegiada ubicación frente al mar, este restaurante ofrece una panorámica inigualable del Mediterráneo, esa misma fuente de inspiración que dio vida a las obras más conocidas del modernismo catalán. Las olas, la brisa y la luz juegan aquí con los elementos arquitectónicos del local, diseñados en colaboración con artesanos que han reinterpretado los códigos del modernismo con un lenguaje actual.
En El Tribut, cada detalle cuenta, y no es solo un eslogan. La vajilla, los materiales, las formas del mobiliario y hasta los menús están pensados para ser parte de esa narrativa que mezcla arte y cocina.
Una carta con alma catalana
Pero si algo atrapa en El Tribut es su cocina. Aquí, la tradición catalana se reinterpreta con creatividad y cariño. No se trata de hacer platos de museo, sino de mantener viva la esencia gastronómica del territorio con un enfoque moderno y fresco.
Las recetas están elaboradas con productos de temporada y proximidad, y eso se nota en cada bocado. Desde su arroz meloso de marisco, que captura todo el sabor del Mediterráneo, hasta opciones vegetarianas pensadas con igual mimo. El equipo de cocina trabaja con la misma dedicación que el artista ponía en sus obras, y eso transforma una comida en algo más.
Y si buscas un lugar para un evento especial, El Tribut también es tu sitio. Ofrecen menús personalizados adaptados a todo tipo de necesidades y dietas. Ya sea una cena de empresa, un cumpleaños o una celebración más íntima, el entorno y el servicio se alinean para que cada ocasión sea irrepetible.
Una zona con alma de ciudad y espíritu de mar
El Puerto Olímpico ha conseguido algo difícil: ser al mismo tiempo un punto turístico imprescindible y un refugio para los propios barceloneses. Aquí confluyen las energías de una ciudad viva con la calma del mar. No es solo una postal bonita; es un lugar para vivirlo.
Desde un paseo en bicicleta por sus carriles hasta un plan de tarde con cócteles, música en vivo y una cena frente al mar, el Puerto Olímpico ofrece un abanico de planes que no se agotan. Incluso en invierno, cuando la playa queda vacía, el puerto sigue teniendo ese magnetismo que te hace querer volver.
La presencia imponente de la Torre Mapfre y el Hotel Arts vigila desde las alturas, mientras la escultura de El Pez, de Frank Gehry, parece flotar sobre las aguas como un guiño artístico al skyline más reconocible de la ciudad.
Redescubrir el Puerto Olímpico con otros ojos
Puede que lo hayas visitado antes, tal vez en verano, o una noche cualquiera. Pero el Puerto Olímpico está cambiando. Se está convirtiendo en mucho más que un lugar con bares frente al mar. Es un escaparate de la nueva Barcelona, donde la gastronomía, la cultura, el diseño y el ocio se dan la mano.
Restaurantes como El Tribut no solo alimentan el estómago, sino también el alma. Porque en un mundo donde todo pasa rápido, poder sentarse, saborear y mirar el mar es un lujo que el Puerto Olímpico te ofrece sin pedir nada a cambio.
¿Te animas a redescubrirlo?

La Casa Burés: un tesoro modernista en el corazón de Barcelona

La Casa Burés, un edificio emblemático del modernismo barcelonés, se alza con orgullo en la esquina de las calles Ausiás Marc y Gerona. Este majestuoso inmueble, diseñado por Francisco Berenguer aunque firmado por Miquel Pascual, flirtea con los estilos neogótico y germánico. Desde su construcción entre 1900 y 1905 para el industrial textil Francisco Burés Borrás, la casa no solo ha sido un hogar, sino un símbolo de la Barcelona de principios del siglo XX.
» width=»1030″>La historia detrás de su construcción
Francisco Burés Borrás, el hombre tras la Casa Burés, era un destacado industrial textil que movió las fibras de la economía en aquella época. Proviniendo de una familia con tradición en el sector textil, su visión fue clara: quería un lugar que fuera tanto su hogar como la sede de sus empresas. Así, con un potente trasfondo familiar, la Casa Burés nació como un espacio que reflejaba las aspiraciones de una nueva clase social en crecimiento en la ciudad.
Sin embargo, su edificación no fue solo un capricho. El diseño original contemplaba una serie de espacios que iban más allá de una simple casa de residencia. Con más de 7000 m², la estructura incluía amplias zonas comunes, dependencias para servicio y curiosamente, un oratorio. Todo estaba meticulosamente pensado para satisfacer tanto las necesidades funcionales como el gusto estético de la época.
» width=»592″>Un vistazo a la arquitectura
La Casa Burés no deja a nadie indiferente. Su fachada de piedra se caracteriza por el uso de sillares sin pulir, que confiere un aire rústico a un edificio de gran elegancia. Cada rincón emana modernidad, desde los hierros de los balcones hasta las curvas delicadas de la decoración. Es innegable que Berenguer, en colaboración con Pascual, logró un diseño que destaca por su *originalidad y sencillez al mismo tiempo*.
Además, los dos vértices del chaflán deberían haber tenido torres circulares, pero solo una se materializó. La otra fue sustituida por un coronamiento, ofreciendo una continuidad visual llamativa. Este tipo de decisiones arquitectónicas no eran solo estéticas; eran estratégicas para maximizar la luz natural dentro del edificio.
Un interior que cuenta historias
Cruzando el umbral de la entrada, el visitante se encuentra con un vestíbulo adornado que es todo un espectáculo. Decorado con capiteles que representan animales, este espacio no solo tiene la función de recibir, sino que introduce al visitante en la historia que encierra la Casa Burés. La joya de este lugar es una escultura de un oso pardo abrazando una lámpara, que se erige en la base de la escalera principal como símbolo de hospitalidad.
Las estancias principales resguardan decoraciones originales que parecen contar relatos de otra época. Los suelos de mosaico, diseñados por Pau Roig, ofrecen un contraste vibrante frente a los techos ornamentados que muestran un claro interés por los aspectos estéticos de los elementos constructivos. Además, los paneles escultóricos del comedor, obra de Joan Carreras, encarnan la esencia de la burguesía de la época al reflejar deportes y personajes icónicos.
» width=»1030″>La evolución de la Casa Burés
Con el paso del tiempo, la Casa Burés ha cambiado de mano y de uso. Tras la muerte de Francisco Burés en 1907, el edificio pasó por varias etapas significativas. La empresa familiar continuó operando hasta su disolución en 1920. Desde entonces, el edificio ha sido testigo de la evolución de Barcelona, siendo testigo del auge y caída de la industria textil.
En 2007, el Ayuntamiento de Barcelona adquirió la casa, con la idea de convertirla en un centro de interpretación del modernismo, pero la venta a la Generalidad de Cataluña poco después cambió su rumbo. A partir de 2014, empezó a gestarse un nuevo capítulo en su historia. La rehabilitación a la que se sometió la Casa Burés se ha alineado entre los esfuerzos por *preservar su esencia original*, mientras que se modernizaba para satisfacer las demandas actuales.
El futuro: mantener viva la herencia
Hoy en día, la Casa Burés se está transformando en un complejo de lujo. Esta rehabilitación está siendo meticulosamente realizada por Bonavista Developments, en asociación con artesanos y expertos en patrimonio. El objetivo es claro: revitalizar un legado cultural. Desde la recuperación de la escultura del oso pardo hasta la restauración de mosaicos, cada detalle es significativo.
El resultado de toda esta labor promete ofrecer no solo apartamentos de lujo, sino un pedazo de historia que sigue vivo. Se planea incluir instalaciones modernas como piscinas, un spa y un gimnasio, permitiendo que la Casa Burés siga siendo un lugar atractivo y relevante en el panorama barcelonés. Aunque ha cambiado de función, su esencia perdura.
» width=»533″>Reflexiones finales
La Casa Burés es un ejemplo fascinante de cómo un edificio puede ser un reflejo de sus dueños y de su tiempo. Desde el auge del modernismo hasta su transformación en un espacio contemporáneo, se mantiene viva la narrativa de la historia barcelonesa. La combinación de su rica historia, su arquitectura impresionante y su futuro prometedor asegura que la Casa Burés seguirá siendo un lugar emblemático de la ciudad.
Al final, cada ladrillo y cada escultura de la Casa Burés nos cuentan algo. Nos recuerdan el poder de la tradición y la adaptabilidad de la cultura, mostrando cómo, a pesar de los cambios, la esencia de un lugar puede perdurar a través del tiempo.

El gato de Botero: una escultura que conquista Barcelona

Desde su llegada a Barcelona, el Gato de Botero se ha convertido en uno de los emblemas más reconocidos de la ciudad. Situado en la Rambla del Raval, este felino de bronce ha cautivado tanto a turistas como a locales, convirtiéndose en un punto de encuentro y en un motivo de orgullo para el barrio. Pero, ¿cómo llegó este gato, de grandes dimensiones, a ocupar un lugar tan especial en el corazón de la ciudad? Vamos a descubrirlo.
» width=»1030″>El viaje del gato: de nomada a habitante permanente
La historia del Gato de Botero comenzó en 1987, cuando el Ayuntamiento de Barcelona decidió adquirir esta icónica escultura. Sin embargo, su viaje hacia un hogar definitivo fue largo y algo tumultuoso. La escultura pasó por varios lugares antes de encontrar su ubicación actual.
Primero, el gato fue instalado en el Parque de la Ciutadella, rodeado de otros animales. Más tarde, durante los Juegos Olímpicos de 1992, se trasladó al Estadio Olímpico Lluís Companys. A pesar de su espectacularidad, el gato pareció no encontrar su lugar en el mundo hasta que, en 2003, finalmente lo colocaron al final de la Rambla del Raval. Este cambio resultó en una conexión instantánea con el barrio y sus habitantes.
¿Qué hace especial al gato de Botero?
La escultura Gato de Botero destaca no solo por su tamaño, sino también por su estilo inconfundible. Con dimensiones fatídicas de siete metros de largo, dos metros de alto y otros dos de ancho, el gato tiene un aire de infantilidad y simpatía. Su diseño robusto y casi caricaturesco siempre invita a la gente a acercarse, tocarlo y, por supuesto, ¡sacarse una selfie!
El gato de la Rambla del Raval queda huérfano con la muerte de su escultor Fernando Botero
Este Gato de Botero, aunque enorme, parece encajar perfectamente en el entorno del Raval, un barrio que ha experimentado significativas transformaciones en los últimos años. Vamos, que del antiguo y marcado estigma que acompañaba a esta zona, el Raval ha pasado a ser un lugar vibrante y lleno de vida, donde arte y cultura fluyen a raudales.
Simbología y significado
El Gato de Botero no es solo una escultura; también es un símbolo en muchos sentidos. Representa una fusión entre lo tradicional y lo contemporáneo, conectando a los habitantes del Raval con su rica historia mientras celebra la modernidad. Además, se ha convertido en un punto de referencia para los visitantes de la ciudad, que se sienten atraídos por su encanto y singularidad.
Espai de gats: El primer cat-café de Barcelona
La escultura cumple varias funciones: estética, simbólica y utilitaria. Un paseo por el área revela que en torno al gato se han formado círculos de personas que conversan, familias que disfrutan de un rato al aire libre y turistas que se maravilla en su presencia.
La obra de Fernando Botero
Fernando Botero, el artista detrás de esta emblemática escultura, es conocido internacionalmente por su estilo característico. Su obra se destaca por figuras voluminosas y exuberantes, con un aire juguetón que parece invitarnos a sonreír. El Gato no es una excepción. Estos rasgos hacen que la escultura sea reconocible al instante y, de alguna manera, eternamente juvenil.
Botero es un maestro en el uso del bronce, un material que ha wieldado con gran destreza a lo largo de su carrera. El bronce, que ha sido un clásico en el mundo de la escultura, es apreciado por su durabilidad y belleza. Para él, es casi un sello personal. El Gato de Botero se beneficia de estas propiedades, lo que le asegura una longevidad en el espacio público, resguardando su esplendor por muchos años.
La interacción con el público
Una de las cosas más fascinantes del Gato de Botero es la forma en que ha interaccionado con el público a lo largo de los años. Lao han iniciado un culto alrededor de la escultura, que hacia los más jóvenes les resulta tan atractivo. Para muchos, esta figura se ha convertido en una parte fundamental de sus recuerdos al visitar Barcelona.
Los niños juegan alrededor, mientras que los adultos encuentran en él un espacio para la reflexión. ¿Quién no ha buscado ese lugar especial en una ciudad desconocida? El gato ha sabido ser ese refugio, ese símbolo de encuentro.
Como dato curioso, al principio no todo el mundo recibió al Gato con los brazos abiertos. Algunos lo consideraron un descaro artístico, mientras que otros critican su diseño. Sin embargo, con el tiempo, el amor por esta escultura ha crecido, reconociendo su singularidad como un pilar cultural de la ciudad.
Un símbolo en constante evolución
A lo largo de los años, el Gato de Botero ha ido dejando huella en la historia de Barcelona. Se ha ganado su lugar como una obra de arte contemporáneo en medio de una urbe de contrastes. Además, sirve como recordatorio de la importancia del arte en la vida pública.
Cada día, el gato observa cómo gente nueva se acerca a descubrirlo. Las historias, las risas y las instantáneas que captura, añaden capas a su ya rica historia. Es un verdadero testigo del tiempo y un símbolo de la Barcelona actual.
Más que una escultura
El Gato de Botero se ha convertido en más que una escultura; es una pieza esencial de la identidad barcelonesa. Su evolución, desde un nómada vagabundo hasta un vecino querido, refleja tanto la diversidad de Barcelona como la capacidad del arte para unir a las personas. Sin duda, la escultura ha encontrado su hogar y se ha convertido en un elemento indispensable en la narrativa de la ciudad.

Boa-Bao, un billete a Asia en el corazón de Barcelona

Boa-Bao no es solo un restaurante, es una experiencia. Ubicado en el barrio del Eixample, este local ha conseguido hacerse un hueco en la escena gastronómica de la Ciudad Condal desde su apertura en 2019. Su propuesta es clara: llevarte de viaje por los sabores auténticos de Asia sin salir de Barcelona. Pero ¿qué hace que Boa-Bao sea tan especial? Aquí te contamos todo.
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Un concepto que respeta las raíces
A diferencia de otras propuestas que buscan reinterpretar o fusionar la gastronomía asiática, Boa-Bao se mantiene fiel a las recetas tradicionales. Este enfoque lo convierte en un lugar único, donde cada plato cuenta una historia ligada a su origen. Desde el curry tailandés hasta los dim sums chinos, cada bocado está impregnado de autenticidad. Esto es posible gracias al uso de ingredientes importados directamente desde Asia y a la colaboración habitual con chefs nativos que perfeccionan las técnicas de cocina del equipo.
Uno de los nombres clave en esta dinámica es el chef Nyoman Wijana, especialista en cocina indonesia, quien ha aportado su experiencia para mantener el estándar de calidad que define a Boa-Bao. La multiculturalidad de su equipo de cocina es su seña de identidad, un reflejo de las tradiciones gastronómicas de los 11 países representados en su menú.
Un menú que es un pasaporte
La carta de Boa-Bao se presenta como un pasaporte que invita a recorrer países como Tailandia, Vietnam, Japón, Laos o Filipinas. Los platos están organizados en categorías que permiten al comensal explorar diferentes sabores y texturas: gua baos, currys, sopas, woks y postres. Entre las opciones más destacadas están:

Samosas vegetarianas con chutney de cilantro y menta.
Curry verde tailandés con marisco.
Pad thai con panceta de cerdo frita y pimienta de Sichuán.
Bao de lubina con rábano encurtido y mayonesa picante.

Para cerrar la experiencia, los postres combinan toques asiáticos y europeos. La crème brûlée de coco con albahaca y citronela es uno de los favoritos, junto con los dim sums de naranja y chocolate belga acompañados de helado de jengibre.
Una experiencia completa
Boa-Bao no solo destaca por su comida. El ambiente del restaurante transporta al cliente a los mercadillos asiáticos de los años 20, gracias a una decoración cuidadosamente diseñada. El uso de materiales reciclados, estatuas de los Guerreros de Terracota y murales exclusivos de la artista belga Yael Hupert crean un entorno único que complementa la experiencia culinaria.
Además, su carta de bebidas es otro punto fuerte. Los cócteles y mocktails de inspiración asiática, junto con cervezas artesanales locales y vinos catalanes, son el complemento perfecto para cualquier plato. La alianza con productores locales, como Garage Beer Co, demuestra el compromiso de Boa-Bao con la cultura de Barcelona, sumando elementos autóctonos a su propuesta internacional.
Un espacio con historia
El edificio que ocupa Boa-Bao no es cualquier lugar. Anteriormente, albergó la galería Joan Gaspar, donde Picasso tuvo su primera exposición individual en España en 1957. Ahora, en esta emblemática ubicación, el restaurante panasiático combina pasado y presente, ofreciendo un espacio vibrante y cosmopolita ideal tanto para comidas casuales como para cenas en grupo.
Un éxito internacional
Boa-Bao llega a Barcelona después de triunfar en Lisboa y Oporto, donde se ha consolidado como uno de los lugares imprescindibles para los amantes de la gastronomía asiática. Este proyecto nace del amor por la cocina de una pareja internacional que, junto con el chef Chris Gelien, ha llevado la propuesta panasiática a otro nivel. La expansión a Barcelona no solo refuerza su éxito, sino que también adapta su oferta al público local, incorporando detalles como vinos catalanes a su carta.
Por qué Boa-Bao es único
Boa-Bao no es un restaurante cualquiera. Su combinación de autenticidad, calidad y ambiente lo convierte en una parada obligatoria para quienes buscan algo más que una simple comida. Es un lugar donde cada detalle está pensado para que vivas un viaje gastronómico inolvidable, desde el primer bocado hasta el último sorbo de un cóctel.
Si te apasiona la cocina asiática y valoras los espacios con personalidad, Boa-Bao debería estar en tu lista. Más que un restaurante, es una puerta de entrada a los sabores de Asia en pleno centro de Barcelona.
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» width=»18″> Pl. del Dr. Letamendi, 1, L’Eixample, 08007 Barcelona, España

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